Crecimiento físico, mental y espiritual en nuestras vidas

Experiencias de Vida V

Por Iván R. Balconi, BS, MS, PhD

Derechos de autor reservados, 2014 *

Mi Realidad. La mayor parte de mi vida la he pasado inconforme con todo lo que soy, tengo y existe a mi alrededor. Cuando era niño siempre quería ser mayor de lo que era, deseando llegar a grande para  poder “vivir y hacer lo que ellos hacían”.  Conforme los años pasaron, mi inconformidad, la falta de aceptación de mi ser y de mi entorno fueron, no solo cambiando, sino también agudizándose: mis ambiciones eran mayores y mis necesidades materiales también.

Ya adulto, y aún de adulto mayor, a veces he sentido que la vida no me ha dado todo lo que merezco o le pido. Con frecuencia me he auto engañado diciéndome que lo que deseo y le pido a la vida, inclusive a Dios, no es consecuencia de mi egoísmo, pero siendo honesto, he llegado a la conclusión que la mayor parte de las veces, esa necesidad de satisfacer mi ego está en el fondo de mis frustraciones.

Viví muchos años en el ajetreo de prepararme como profesional, de trabajar para obtener los insumos materiales que necesitaba mi familia y yo para vivir; en cierta etapa, en esa carrera desenfrenada de acumular dinero y otros bienes materiales, fundamentalmente se debía a mi inseguridad económica, pero también a la ambición de acumular esos bienes que hasta hace poco me di cuenta que ahora no los necesito para estar tranquilo ni para ser útil y feliz, ni podré llevármelos cuando me muera.

A mis 81 años de edad, por circunstancias que no vienen al caso mencionar por ahora, he llegado a la convicción de que una vida útil y feliz (ser útil sirviendo al prójimo y feliz al vivir sin angustias y frustraciones) se puede lograr con las posesiones materiales suficientes para vivir decorosamente, un poquito más para “caprichitos” personales y una reserva prudencial para emergencias de salud y de otro tipo.

Ahora me sorprende que esas mínimas posesiones materiales puedan, primero, liberarme del enorme sentido de frustración en el que viví la mayor parte de mi vida y, segundo, permitirme vivir en paz y sereno. Ahora comparo esos años de constante angustia e insatisfacción con una carrera de muchas ratas hambrientas corriendo detrás de un pedacito de queso.

Algunos de nosotros pensaremos como dicen: “A toro pasado . . . ”, pero no; aunque esta nueva forma de ver la vida no aliviará las angustias del pasado, sí me librará de las del futuro, las de los pocos o muchos años que me quedan de vida. En varias ocasiones cuestioné mi nueva actitud hacia la vida y hasta llegué a pensar que había caído en una etapa de conformismo o de  “valenadismo y valetodismo”. Como ahora admito que no soy un sabelotodo, que no tengo las respuestas a todas las preguntas, se lo comenté a un religioso y líder espiritual y él sabiamente me respondió:

– La vida y las personas no son lo que nosotros deseamos que sean. La vida no se hizo para satisfacer los caprichosos deseos de los humanos ni para seguir el curso y tener el final que nos gustaría – dijo y continuó: –  una vez reconocemos este hecho universal, hemos dado un gran paso hacia una vida útil y feliz –

Para mi sorpresa concluyó con algo muy interesante:

– Si reconocemos el principio universal que el mundo fue hecho por alguien para que todos los humanos que vivieran en él fueran felices, pero no a la manera caprichosa y egocentrista que yo había profesado y practicado por muchos años. Si reconocemos, dijo el religioso, ese principio universal, LO ACEPTAMOS y lo practicamos de acuerdo a las leyes espirituales en todos nuestros actos, seremos enormemente felices sirviendo a los demás. IRBR.

¿En alguna etapa de tu vida, has llegado a experimentar situación parecida a la del escritos de este artículo?

Foto. enbuscadeantares.files.wordpress.com

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