Rutina, Disciplina y Ritmo

Experiencias de Vida VI

Por Iván R. Balconi, BS, MS, PhD

Derechos de autor reservados, 2014 * 

Rutina, Disciplina y Ritmo. Hace unos momentos comenté sobre la necesidad de aceptar nuestra realidad tal como es y a nuestro entorno y a la gente tal como son. Yo ya como adulto en plenitud he vivido varios años aprendiendo cuál son para mí los beneficios de practicar equilibradamente estos tres conceptos: rutina, disciplina y ritmo.

Recientemente comentaba este tema a un amigo, adulto en plenitud como yo, y su respuesta fue la siguiente: “ese rollo de rutina, disciplina y ritmo que cuentas está bien para los chavos, pero nosotros ya estamos muy viejos para cambiar de hábitos”.

Con mucho respeto al colega pero estoy convencido que nunca estamos muy viejos para cambiar, especialmente si es para convertirse en un mejor ser humano.

Desde el momento que nacemos nuestras madres nos ayudan a iniciar una rutina diaria de dormir, comer, cambiarnos pañales, bañarnos, etc. Conforme avanzamos en edad las actividades cambian, pero no dejan de ser una rutina; es decir una secuencia de actividades que se repite durante el día, todos los días.

La rutina en nuestras vidas, vista positivamente, nos permite ser organizados y llevar a cabo lo que necesitamos para vivir cómodamente. Es decir, la rutina es positiva y motivadora cuando estamos conscientes de los beneficios que nos brinda esa secuencia repetitiva de actividades, cuando la realizamos con gusto para convivir agradablemente con los demás. Puede hasta ser una actividad creativa, ya que sintiéndonos cómodos y tranquilos, Dios nos permite expresar lo mejor de nosotros mismos.

Sin embargo, la rutina considerada negativamente, sentida como algo que nos esclaviza y estamos obligados a realizar, muchos la hacemos de mala gana, a regañadientes. Por ejemplo, en nuestro trabajo, esas actividades nos aburren, alteran nuestra paz y hasta hace que nos sintamos cansados físicamente aunque realmente no lo estemos. Veremos, al considerar la disciplina, cómo acciones repetitivas, una rutina, es consecuencia de mentes y actitudes disciplinadas.

La disciplina podemos definirla, para propósitos de esta plática, como el conjunto de actividades realizadas ordenadamente en tiempo y espacio para beneficio propio y de los que nos rodean. Por ejemplo: si convivo con un grupo que desayuna a las siete de la mañana, yo como miembro de ese grupo debo ser disciplinado de manera de levantarme y estar presente en el comedor a las siete de la mañana. Ser disciplinado implica alto nivel de consciencia y control personal para realizar ciertos hábitos personal o sociablemente provechosos.

La disciplina como una virtud personal necesariamente está formada por ciertas rutinas diarias que nos benefician y benefician a los demás. La disciplina militar, como concepto general por ejemplo, incluye orden en nuestras pertenencias, limpieza personal, puntualidad, respeto a mí mismo y a los demás, etc., todas estas actitudes y actividades incorporadas una disciplina, militar o la que sea.

El ritmo es el orden acompasado en la sucesión de las rutinas que realizamos. Es decir que lo que hacemos tiene tiempos y movimientos que nos permiten hacer cualquier cosa consciente y tranquilamente. Por ejemplo: hablar acompasadamente es comunicarnos pausadamente para darnos a entender y que nuestra voz e ideas que expresamos no sean desagradables para nuestros interlocutores. Caminar pausadamente, otro ejemplo, nos permite guardar el equilibrio y pisar con seguridad. Caminar a prisa o hacer las cosas a prisa generalmente no inquieta y angustia y no contribuye al bienestar físico, mental o emocional nuestro y de los demás.

El hábito de realizar nuestras actividades diarias a un “ritmo acompasado” se inicia con pensamientos organizados que nos llevan a tener actitudes y acciones que nos permiten hacer nuestras tareas diarias, oportuna, eficiente y respetuosamente. IRBR.

Comparte con nosotros la manera en que practicas estos hábitos.

Foto. automotivacion.net

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